Cuando el alma en vapor habitó el rosado azul cielo. Se paró a escuchar el canto del ave que tembloroso, agitaba sus alas en la rama de un árbol frondoso, y que hacía sombra a un cuerpo inerte.

Bronco rugido salvaje eco de la montaña por el vuelo bajo del helicóptero de salvamento. Iba produciendo grandes ondas en el apacible río, y el viento formó espuma, es así que el vapor caprichoso refrescó las caras preocupadas y miedosas. Fue una tarde-noche de espera, e incertidumbre, de miradas filtradas por la ventura desventurada.

Al otro lado de la ciudad sin saber de noticias, al bajar la persiana su vista quedó iluminada en el cuadro que la naturaleza le regalaba luz en rayitos de paz que traspasó la retina quedando prendidos en el corazón, Instante sublime de tarde no tan apacible a mediados de un mayo algo raro y confinados.
Cómo todas las noches su oración le ayuda a cerrar los ojos y descansar tranquila aunque el dolor de cabeza no le deja pegar los parpados : En esta cama me acuesto/ no sé si despertaré/ con Dios confieso y comulgo/ y creo en la Santa Fe.
Y la suerte se suelta la melena milagrosa, un día más en la mano de Dios, sin olvidar que la luz al igual que los hechos, solo son los Derechos Reservados del Poder Omnipotente de su Autor.

© Araceli García Martín
domingo 16/05/2021
Granada/ España