Este calor no es normal.
abro puertas y ventanas
para que se ventile la noche
y entre paulatinamente,
el susurro de todas sus horas
y me provoquen a escribirte.

Así, con su brillo sin derroche
la luna se filtra, llega a mi vera
con ojos zalameros sin parpadear
un rato como locuela. se queda.
Me dice ¡Quería entrar!
y me pide un cantar…
Juguetona vueltas y requiebros,
entre sabanas de sueños sin dueño
por mis ojos insomnes.
se insinúa a mis letras
con sonrisa lunera.

Despeina mi melena,
ý luego la peina
se toma mi infusión
con ocho gotitas de limón.
Juguetona, la muy tragona
va silbando y saltando
por la copa de los árboles.

Los estorninos despiertan
de su parada en su emigrar,
poder descansar
se desperezan con su piar,
le dejan ver su malestar.

Me dice segura bailando
de aquí para allá:
Tú, sabes todo de mí
Conoces mi deambular
Conoces todo cuanto
me vuelve loca
y cuanto me hace saltar.
Como tomar mis lágrimas
y abrazar mis sonrisas
con olor a castañas y pinar.

Entre la bruma y la brisa
vas marcando el camino
del plateado versar.
Por el momento,
entre letras, con mi aliento
llegar a los pies de la cama.
Y yo, le abrazo, le atiendo
le escucho, le beso
entre sueños.

Y más tranquila,
se va la loca bailando
entre la luz del día
con los luceros jugando.

Porque sabemos
que detenerse es morir
y el regreso será posible…
¡Quizá, otra noche, otro día
puertas y ventanas se vuelvan a abrir!

Así de nuevo ella,
la luna de otoño,
entre nubes cargadas
de sinfonías y gris
llegue con su manto sutil
con su magma de fantasía
a mis letras de melancolía.
y volvamos a fluir.

© Araceli García Martín